Cómo debe ser tu bronceador ideal

Del factor adecuado a tu piel, resistente al agua y al sudor y fotoestable (que no se degrade y pierda su eficacia bajo el sol). Elige además la textura que más te guste: spray, leche, crema, espuma… Y si encima tiene efecto refrescante, adelgazante, reafirmante, etc., mejor que mejor, pero eso ya son caprichos. Lo principal para acertar es tener en cuenta tu fototipo. Piel lechosa. Usa protección máxima (índice 50+) en todo momento. Piel clara, Un índice 40-30 te irá bien para los primeros días. ¿Piel normal? Prueba con un 20. ¿Olivácea? El 10 es tu punto de partida. Y si tienes la piel negra, utiliza una protección mínima.

Ten siempre a mano dos protectores de factor diferente y aplica el más alto en las zonas especialmente vulnerables, como la nariz, los hombros o el escote. Conforme te broncees, podrás ir disminuyendo de factor, pero no prescindas del protector porque, aunque ya no te quemes, las consecuencias a largo plazo y más graves (fotoenvejecimiento y cáncer de piel) siguen estando al acecho. Muchas quemaduras se deben a un tonto descuido. Por eso. evita quedarte dormida al sol y acuérdate de poner bronceador en esos sitios que resultan tan fáciles de olvidar: empeines de los pies, orejas, zona posterior de las rodillas, nuca, axilas…

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